lunes, 20 de enero de 2014

Los cuentos forman la mente del niño

¡Qué gran verdad esta afirmación de Felicidad Orquín, directora de una de las colecciones de literatura infantil y juvenil de nuestro país.
Os dejo con este artículo firmado por Rosana Torres y publicado en El País.

Felicidad Orquín es de esas personas que han logrado ser incuestionables por todo un sector profesional que la considera un referente indiscutible, incluso internacionalmente. En este caso, en el del mundo de la literatura infantil y juvenil, al que sigue ligada.

Como editora creó y dirigió la colección Labor Bolsillo Juvenil, así como Austral Juvenil y Austral Infantil en la editorial Espasa-Calpe, donde también dirigió la colección de ensayo Espasa-Mañana y fue directora literaria. También destaca como investigadora y crítica de literatura infantil, labor esta última por la que recibió el Primer Premio Nacional de Crítica de Literatura Infantil, en 1980.

Orquín, además, ha estado implicada con los movimientos de renovación pedagógica y feministas de los años setenta. De hecho, otra vertiente de sus actividades es la relacionada con temas de género, escritura femenina, las imágenes sexistas en los libros para niños o el espacio social de las mujeres.

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El cuento de las hadas y los hados
Aunque se muestra prudente, no deja de mostrarse sorprendida de que alguien considere la posibilidad de vetar cuentos de la narrativa tradicional. Piensa que forma parte de ciertos abusos en nombre de lo políticamente correcto. Está de acuerdo en que se busquen otras fórmulas, otros relatos que, en la literatura para los pequeños, otorguen a la mujer y a la niña otro papel más igualitario, pero sin renunciar nunca a los cuentos que ya existen. Recuerda que eso se inició en años setenta y ochenta del pasado siglo, como la colección A favor de las niñas: "Pero no se puede deconstruir la narrativa tradicional, sino crear otros cuentos feministas, porque, además, no se trata de invertir los roles, sino crear desde una mirada feminista nuevos valores".

Quiere dejar claro que todos los cuentos de la narrativa tradicional, y muchos de los actuales, son sexistas en cuanto proceden de una sociedad patriarcal: "Como en gran medida es actualmente la nuestra. Pero lo que hay que preguntarse es el valor que, no obstante, tienen estos relatos para los niños y niñas".

Según ella, el primero que se lo preguntó de manera casi científica fue Bruno Bettelheim (1903-1990), escritor y psicólogo infantil, en su libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas, publicado en 1975: "Toda la concepción de la bondad positiva de estos cuentos parte del análisis que él hizo, donde hacía especial hincapié en la importancia que estos relatos tenían para la formación moral e intelectual de los niños; no hay que perder de vista que eso es lo fundamental".

Orquín, como otros expertos, tiene claro que el cuento de hadas le ofrece al niño de una forma simbólica materiales para entender sus sentimientos: "Hay que pensar que el libro de Bettelheim se escribe después de todas las teorías de Freud, y por entonces ya se sabe cuáles son los sentimientos de los niños y cuáles son sus sufrimientos".

Sostiene Orquín que estos cuentos de hadas, en mayor medida que cualquier cuento contemporáneo, ayudan al niño a un mayor crecimiento psicológico "porque estos cuentos tratan de cosas que el niño siente dentro, aunque no es capaz de ponerle nombre, como es la rivalidad, el narcisismo... Estos cuentos le presentan imágenes con las que se puede identificar y el niño o niña puede ir eligiendo lo más positivo, o lo que está más de acuerdo con su personalidad".

Por otra parte, no pierde de vista que hay que tener en cuenta que estos cuentos proceden de la tradición oral, ya que Vladimir Propp, en su libro Raíces históricas del cuento, estudia estos cuentos maravillosos de hadas, a los que se puede considerar la prehistoria de la humanidad: "Todos ellos son universales, porque se dan con variantes en todos los países, son figuras que hay que considerar arquetipos".

"Por eso en el siglo XVII un hombre culto de la corte, como Perrault, toma estos cuentos de aquellos populares que había oído a su niñera, y hace una colección de clásicos que se mantienen ahora, como La bella durmiente, Caperucita o Piel de asno, que recogen esas experiencias subconscientes de iniciación para niños y niños. No hay más que recordar Caperucita, cuento que termina con una moraleja con la que se advierte a las niñas para que se defiendan frente a los hombres mayores que pueden perseguirlas", concluye Orquín, quien sostiene que los estereotipos que aparecen en las mujeres de estos cuentos no son sexistas, ya que las figuras femeninas, tanto las bondadosas como las malvadas, tienen un papel y, a veces, el más activo.

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