El reloj sonó como todos los días laborables a las 6 de la mañana y me despertó con su desagradable sonido. Siempre me entran ganas de tirarlo por la ventana y seguir durmiendo, pero me es imposible, ya que mi puesto de trabajo lo tengo a 50 kilómetros, así que rápidamente me aseo, me visto y desayuno para coger el autobús de las 7.
Se acercaba el autocar. Aligeré el paso para subirme a él. Durante el trayecto no dejé de pensar en su bonita imagen y me dije: "sólo me queda la ilusión de perfumarme con el aroma que estaba promocionando".
Josefina Arias
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